Dejo mi palabra en este mundo sordo
como quien deja su cuerpo en un mar contaminado
en busca de algún pez oscurecido, viejo amigo,
alguna lágrima de luz de aquél cielo lejano.
Dejo mi palabra, con la sangre de mis labios
mordidos por el hambre y la desesperanza.
Dejo mi palabra y todo el aire de mi pecho,
todo el aire manoseado por todos los fantasmas.
Y me callo, en paz, dormido como un árbol
en esta noche triste, después de un día largo.
Dije todo lo que pude. En el otoño, suelto
el corazón podrido que cuelga de mi mano.
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